Tengo un pequeño escrúpulo que todavía me queda.
Quizá puedas ayudarme a deshacerme de él.
Soy un fan a medias. Eso con hache. Perdona mi escepticismo y mi arrogancia.
No he podido ni he sabido evitarlo. Sé que sabrás comprenderme.
Sé las palabras. Pienso en el momento oportuno. Espero.
¿Será este?
No nos conocemos de nada. No nos hemos visto nunca.
Yo sé quién eres tú, pero tú no sabes quién soy yo.
Soy un fan que sólo tiene discrepancias. ¿Sabes? 😕
Como el seguidor de un sofista que cada vez tiene más
preguntas,
y cuyo maestro tiene menos respuestas.
Trataré de ser breve.
No voy a hablar de ti, sino de tu personaje público. Creo
que es lo más justo.
Desde que te vi por primera vez, brillaste por ti misma. Ya
no pude escapar de tu hechizo.
Aún intento deshacerme de él, en vano.
No es fácil encontrar a alguien como tú.
Te he hablado tantas veces en mi cabeza.
El camino hacia arriba siempre es más difícil.
Todas las épocas han tenido líderes, ídolos. Del tipo que
fuera.
Tardaran lo que tardasen en caer. Tú sigues ahí. Con todos
tus cambios, a las espaldas.
He sentido tanta admiración como envidia por ti, siendo muy
consciente de lo que nos separa.
Quizá, cada vez más consciente. No sabría hacerlo mejor.
Has hecho célebre un largo sueño que dura todavía.
Un embellecimiento de vida. Un producto.
Me permito juzgarlo. Espero que sepas comprenderme.
Los empollones siempre me habéis parecido increíbles.
Vuestra tenacidad y arrojo. Vuestra clara e indiscutible
superioridad, más clara, según pasa el tiempo.
Nadie es igual a nadie. Nunca lo será.
Es lógico que creáis más apasionadamente en un destino manifiesto, una vida mejor, alternativa,
diferente. Incluso radicalmente. Una salida de lo inevitable.
con más vértigo, con más violencia que el resto de nosotros.
El artista sufre más el mundo. Lo bueno y lo malo; siempre
sufrimos.
He llegado a creerte más de lo que estaba dispuesto.
Tu posición, tu insistencia, me desafía. Me obliga a
responder así.
Tienes que comprenderlo.
Puedo imaginar el infierno que pasas, que callas, aunque hables
o que pases por encima. Como sobre ascuas.
Ahora, ladras menos. Tienes una misión. Un mensaje. En un primer momento, aprecié una vena
incendiaria, nihilista,
arrebatadora en ti, con la que no pude sentirme tan identificado.
Faltaba algo importante.
Se debió a lo que me pareció ser inmadurez.
Hablabas de cosas polémicas para escandalizar,
para que te odiasen más de lo que correspondía. Para estar en boca de todos.
¿Era otra cosa?
Imagino que debe ser tan difícil estar cerca de tu corazón,
resistir, estar a la altura.
¿Quién resiste todas tus tormentas? ¿Quién eres, en
realidad?
¿Cómo te muerde el misterio diferente?
Luego está la cuestión del privilegio. Las oportunidades.
La capital, la concurrencia. La aspiración de medrar, etc.
Un lenguaje entre infantil y sabio. Pero falta algo.
Importante, sincero. Algo que desmonta, que cambia todo lo
demás.
Das lecciones a todo el mundo. Hablas demasiado. Nadie puede
saber más.
No has cambiado tanto. No eres tan brillante. Y sin embargo,
luchas como nosotros,
por salir adelante. No sólo por parecer normal.
Cuando vuelve ese impulso incontrolable.
¿Ves a dónde quiero llegar?
Pero al final, si me acercase a ti demasiado, me
decepcionarías muy pronto.
Porque podría ver en ti toda la humanidad que te has
esforzado siempre en ocultar.
Y la envidia no solo es mala para el que la sufre, sino
también para el que la busca en el otro.
No hay término medio. Todo no vale lo mismo.
La vida no es un juego. Cuando acaba el espectáculo, la vida
sigue. Para todos.
Espero que disculpes mi tono y mis atrevidas palabras. Pero
ya llevaba demasiado con esto dentro.
Tenía que dejarlo salir. Sea cual sea su valor.
Sé que volverá a mí, diferente.
Atentamente,
las palabras de nadie.






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