jueves, 29 de septiembre de 2022

La buena estrella

 

Mi ansiedad son las redes sociales. Es la nueva religión, con sus líderes, 

sus fanáticos, sus adeptos y escépticos. 

Lo cierto es que nos moldean a un nivel que no podemos controlar. 

Dentro, están por todas partes.


El problema es que seguir creyendo en uno mismo, en estas palabras, en el que las escribe. 

Es preciso distanciarse del ruido del mundo, cuando todo parece que va a cambiar. 

El pensamiento no acepta barreras. Es como un mar sin orillas, y sus olas son nuestro dolor. 

Lo más difícil de entender. 


No tengo formato. Hay que reinventarse. Menos energía cada día para darse cuenta 

de que sólo hay que afrontar el descaro de otros, su farsa, que es como la nuestra. 

Yo también querría estar ahí. En un grupo selecto. No son uvas amargas

Su trabajo es nuestra ansiedad. 


No encajo. No sé estar bien. Es un trabajo demasiado difícil, en cuanto lo intento. 

Uno tiene que buscar, ser su propio camino, y eso nos asusta a todos. 

No está escrito en ninguna parte. 


Voy a tener que sacrificarme a mí mismo, sacrificar mi tiempo, aceptar los cambios. 

Se está volviendo cada vez más difícil. 


El club seguirá ahí, el establishment, restregándonos que somos mayoría y nada más. 

Que la envidia es nuestro estado natural, nuestro puesto, abajo. 

El mundo está pendiente de sus elegidos. Mira a 

otra parte, o no mira en absoluto.


Me he equivocado en todo. Juzgué mal el momento en que pude elegir, 

porque no sabía lo que estaba haciendo. Ahora es demasiado tarde. 

¿Quién no termina huyendo de sí mismo?


Es un problema, sobre todo, no poder ser la buena estrella. El ejemplo que todos necesitan. 

La diversidad no es tanta y viene de arriba. Lo divergente amenaza. 

La tolerancia es una dictadura. Mirar una pantalla es 

aplastarse por dentro, someterse. Desmoronarse. 


Es mejor, al menos más honesto, mirarse por dentro. Hay que empezar siempre por uno mismo. 



 



lunes, 26 de septiembre de 2022

Reflexiones sobre Ter

 

Tengo un pequeño escrúpulo que todavía me queda. 

 

Quizá puedas ayudarme a deshacerme de él.

 

Soy un fan a medias. Eso con hache. Perdona mi escepticismo y mi arrogancia.

 

No he podido ni he sabido evitarlo. Sé que sabrás comprenderme.



 Querría decirte tantas cosas.

 

Sé las palabras. Pienso en el momento oportuno. Espero. ¿Será este?

 

No nos conocemos de nada. No nos hemos visto nunca.

 

Yo sé quién eres tú, pero tú no sabes quién soy yo.

 

Soy un fan que sólo tiene discrepancias. ¿Sabes? 😕

 

Como el seguidor de un sofista que cada vez tiene más preguntas,

 

y cuyo maestro tiene menos respuestas.

 

 


 

Trataré de ser breve.

 

No voy a hablar de ti, sino de tu personaje público. Creo que es lo más justo.

 

Desde que te vi por primera vez, brillaste por ti misma. Ya no pude escapar de tu hechizo.

 

Aún intento deshacerme de él, en vano. 

 

No es fácil encontrar a alguien como tú.




Te he hablado tantas veces en mi cabeza.

 

El camino hacia arriba siempre es más difícil.

 

Todas las épocas han tenido líderes, ídolos. Del tipo que fuera.

 

Tardaran lo que tardasen en caer. Tú sigues ahí. Con todos tus cambios, a las espaldas.

 

He sentido tanta admiración como envidia por ti, siendo muy consciente de lo que nos separa.

 

Quizá, cada vez más consciente. No sabría hacerlo mejor.

 

Has hecho célebre un largo sueño que dura todavía. 


Un embellecimiento de vida. Un producto.

 

Me permito juzgarlo. Espero que sepas comprenderme.




Los empollones siempre me habéis parecido increíbles.

 

Vuestra tenacidad y arrojo. Vuestra clara e indiscutible 


superioridad, más clara, según pasa el tiempo.

 

Nadie es igual a nadie. Nunca lo será.

 

Es lógico que creáis más apasionadamente en un destino manifiesto, una vida mejor, alternativa, 


diferente. Incluso radicalmente. Una salida de lo inevitable. 

 

con más vértigo, con más violencia que el resto de nosotros.

 

El artista sufre más el mundo. Lo bueno y lo malo; siempre sufrimos.

 

He llegado a creerte más de lo que estaba dispuesto.

 

Tu posición, tu insistencia, me desafía. Me obliga a responder así.

 

Tienes que comprenderlo.




Puedo imaginar el infierno que pasas, que callas, aunque hables

 

o que pases por encima. Como sobre ascuas. 

 

Ahora, ladras menos. Tienes una misión. Un mensaje. En un primer momento, aprecié una vena 


incendiaria, nihilista,

 

arrebatadora en ti, con la que no pude sentirme tan identificado. Faltaba algo importante.

 

Se debió a lo que me pareció ser inmadurez. 


Hablabas de cosas polémicas para escandalizar,

 

para que te odiasen más de lo que correspondía. Para estar en boca de todos. 


¿Era otra cosa?

 

Imagino que debe ser tan difícil estar cerca de tu corazón, resistir, estar a la altura.

 

¿Quién resiste todas tus tormentas? ¿Quién eres, en realidad?


¿Cómo te muerde el misterio diferente?

 

Luego está la cuestión del privilegio. Las oportunidades.

 

La capital, la concurrencia. La aspiración de medrar, etc.

 

Un lenguaje entre infantil y sabio. Pero falta algo.

 

Importante, sincero. Algo que desmonta, que cambia todo lo demás.

 

Das lecciones a todo el mundo. Hablas demasiado. Nadie puede saber más.

 

No has cambiado tanto. No eres tan brillante. Y sin embargo, luchas como nosotros,

 

por salir adelante. No sólo por parecer normal. Cuando vuelve ese impulso incontrolable.

 

¿Ves a dónde quiero llegar?





Has hecho mucho, de gran valor. Soy incapaz de cuestionarlo. Salta a la vista, para todo el mundo.

 

Pero al final, si me acercase a ti demasiado, me decepcionarías muy pronto.

 

Porque podría ver en ti toda la humanidad que te has esforzado siempre en ocultar.

 

Y la envidia no solo es mala para el que la sufre, sino también para el que la busca en el otro.

 

No hay término medio. Todo no vale lo mismo.

 

La vida no es un juego. Cuando acaba el espectáculo, la vida sigue. Para todos.

 

Espero que disculpes mi tono y mis atrevidas palabras. Pero ya llevaba demasiado con esto dentro.

 

Tenía que dejarlo salir. Sea cual sea su valor.

 

Sé que volverá a mí, diferente.


Atentamente,

 

las palabras de nadie.



miércoles, 10 de agosto de 2022

Revisando la Jungla

He vuelto a casa por unos días. Me da tiempo de relajarme. Ver alguna película. Aún me recrea. Diría que incluso ahora más que antes. 

No me gustan las pelis nuevas. No creo en ellas. Soy de las de antes. Un fan, cada vez más convencido. Un creyente. 

Me escondo en el cine para aligerar mis pesares cotidianos, que me asedian. Los invisibles más que los visibles. Como de costumbre. Ya sé que sirve para eso y nada más, así que me entrego más fácilmente. 

A veces, las noches son más especiales que los días. Mejores para ver cine. Revisar los clásicos de cualquier altura. Admirar en la distancia con un poco más de sinceridad que antes. 

Sé algo de cine. Estudié un poco. Pero nunca me atreví a intentarlo en serio. Hubo varias razones, pero quizá la que más destacaría es que me desanimé. 

El mundo abruma en todas sus variedades y eso se retrata con más o menos acierto en el cine. Nos recrea; nos calma. Nos sentimos identificados. Por fin, olvidamos la mentira (el truco, el invento) por un rato. Y volvemos a sentirnos más libres y dichosos. Ya basta. Lo merecemos. (?) 

La aventura es lo imprevisto. El héroe está forzado a arriesgar lo más preciado. El periplo se repite en el relato. Todo cobra el sentido que le damos. Importa si te importa a ti. 

Sin relatos nada tendría sentido. Estamos en el lado de las preguntas. Son lo que hay. 
Inventamos las respuestas. Tanteamos con cambiarlas. Las descubrimos diferentes. La vida sigue. 

Plano por plano, intento volver al sentido primero. Quisiera saber si alguna vez se perdió. Estar más seguro. Todos queremos respuestas. 

Tengo que rebajar el tono. No quiero, pero no hay más remedio. El miedo al ridículo gana terreno. La voz se amilana. Balbucea. 

Empiezas a ver con menos desprecio y más resignación el camino de todos. Tan lento como seguro. El aro por el que pasas ya es parte de ti. 

Por dentro no hay uno que no se sienta héroe. Porque el héroe es el sentido. El que lucha. El que sólo sigue adelante. Al que, si es verdadero, no vence ni la muerte. 

Todo está por perder, pero el sentido es más fuerte que eso. Más terco. Más esquivo. Fecundo en ardides

El héroe es sufridor. Conmueve su humanidad. Su temblor, pero no llega al patetismo. No. No hay lucha tan patética si es sincera. Sobre todo para el que pelea. 

Aún quieres hacer algo grande. Crece por dentro la inquietud incontenible. La brecha era real, porque se ensancha. Se abre dentro de ti. 

El vértigo por la aventura, por el abismo, la que pueda ser la última elección, basta para sacudir los cimientos del mundo. 






jueves, 19 de mayo de 2022