Notas para Ter
Amor-odio. Nos acusamos en la imaginación. Sabemos que somos diferentes. Solo queda enfrentarnos de una vez. Es inevitable.
No honra cualquier trabajo. Cualquier huida o refugio insuficiente. Estamos enfrentados. La vida no es sólo el arte de cualquiera.
El pensamiento es mezcla de ideas. Entrecruzamiento, confrontación. Cómo somos tan diferentes?
Estoy fascinado con tu fuerza de voluntad. Tu capacidad de reinventarte. De cubrir o vender mejor tu dolor. Lo entiendo. Es irresistible.
Llevo tiempo queriendo hablarte, pero no me he atrevido. Estás muy por encima, en mi imaginación. A otro nivel. Como la deidad griega que se mezcla a placer con los mortales, ocultando su divinidad. Jugando. Hasta el aburrimiento desespera.
Envidio tu capacidad de superación. La claridad de tus ideas. Tu imaginación.
Pero no soy tan halagador, en realidad. Nadie lo es. No tenemos tiempo de eso. No comprendo tu firmeza. No sé a dónde vas ni lo que escondes. Es un misterio para mí. Me doy mi propia respuesta. Desconfío.
No puedo volver serio lo que me parece insignificante, como propones. Ni viceversa. No puedo escapar de ello. Es mi problema. No reconocerlo. No sólo hay juego que admirar.
Trabajas admirablemente. Tu talento es difícil de igualar. Dominas el medio, el mensaje. Tus intenciones. No soy rival. Creo que no lo seré nunca.
Estoy fascinado contigo. No puedo superarte. Dudo de mí mismo y participas en ello poderosamente. No puedo dejarlo pasar. Hay que reconocerlo.
Siento que mi "manos a la obra" nunca lo comprenderías. Se opone al tuyo. Está al otro extremo.
Para mí, es así. Primero, el pensamiento. Luego, la acción y, finalmente, las palabras. No puedo cambiar eso.
Mi discurso sería algo así como: nos exhibimos demasiado, demasiado pronto, demasiado mal. Y no podemos evitar sentirnos culpables por ello. Como el que presiente haber hecho algo malo.
Según mi visión, es lo más honesto o tiende hacia ello, de lo que podemos alcanzar. Lo que vale la pena.
Sé que no te gusta. Que es lo opuesto a tu predicamento. Lo siento. Ojalá tuviera otro discurso para ti. Lo he intentado y lo sigo intentando. Créeme.
Realmente eres especial, más allá del ruido de la masa, que tanto buscas. Lo creo de veras. Mereces reconocimiento y amor. No tengo nada que decir sobre eso.
Ya son demasiadas palabras. Baste con lo dicho.
Tu verdadero admirador,
Narciso.