lunes, 20 de abril de 2015

Conan


Cuando tenía pocos años, vivía en el barrio que está al lado. Allí vivía con mi madre y mi hermano. A veces, nos quedábamos en la casa de la vecina. Olía mucho a humedad y a mezcolanza. Vimos muchos dibujos en su casa. Entre otras, una cinta en concreto influyó en mi "destino". Pienso que (de ser posible), si no hubiera sido esa cinta, ese contenido, esos sentimientos que despertó en mí, que descubrí, hubieran sido otros parecidos o equivalentes. Es una especie de economía mental esta asunción inmediata. No soy capaz de imaginar otra cosa, cuando me concentro en esas circunstancias.

Cómo iba a saber lo que sentiría después? Sigo exagerando mi pasión, por el sincero deseo de que sea más grande. La cinta contenía dos capítulos de una serie de niños. Al igual que muchas otras cintas que teníamos en casa, la vimos muchísimas veces. Veía muchos dibujos de pequeño. Era el alma de mi mundo y de mis sueños, de mis ilusiones. No me atrevo a decir que no existiera nada más, pero no creo que me hubiese importado o estuviese preparado para comprenderlo. Tampoco me siento tan preparado hoy. Quién lo está? Y la vida pasa, de todos modos, de cualquier manera. Su camino es cualquier camino, aunque no lo veamos. Aunque no sea el nuestro.

Todo era por los sentimientos. No acepto que haya pasado el tiempo porque es un abismo inasumible para mí. Es inexplicable este sentimiento de negación. De negación hacia toda especulación, por el mero hecho de ser especulación, una y no otra. Omnis determinatio est negatio. Sólo era un niño y experimentaba sentimientos maravillosos. Ahora, exijo y exagero lo que nunca fue para mí (porque no debía ser) y surge la quimera de la melancolía, siempre tan limitada, tan deformada, tan quebradiza y pasajera (para poder seguir siendo). Sólo alejándonos de la realidad la vemos más completa. (...)

En un momento dado, muchísimo tiempo después de este primer contacto (resquicio de mi dulce pasado) retorné a esas coordenadas emocionales. Exploré, curioseé. Vi otras profundidades que no hubiera podido imaginar antes. Sentí admiración y regocijo. Sentí paz, ganas de compartir la belleza que me admiraba, como ahora, pero siempre es distinto. Siempre es mucho más.

Me sentí tan identificado, tan acogido y comprendido. Tan valiente. Sólo era otro sueño bellamente narrado, pero sin duda valió la pena. Las pesquisas del mundo no han podido igualar para mí (se ve) ese simple sentimiento de conexión, de irrefutable magnetismo. Eran las virtudes humanas que yo siempre quise alcanzar, idealizadas. Las había visto en otros sitios. 

Cuando veo una obra que me conmueve, lamento que termine, porque no quiero que termine. No siento que termine. Sólo que no puedo acceder de nuevo a ella. La pasión es algo misterioso, en el fondo. No terminamos de explicarla, de deducirla. Es naïf forzar esquemas materiales que sólo nos llevan a más confusión y vacío. Odio los extremos que se oponen, porque sé que no tienen un sentido que no sea dialéctico. No puede haberlo. Ahora lo sé.

Imbuimos en los muñecos irreales todo eso que nos falta, que no conseguimos dibujar o encontrar en nosotros, y siempre queremos más, porque no se calma nuestra sed. Nuestro miedo al vacío y a la nada, porque somos humanos y estamos llenos, rebosantes de pasión. Eso es estar vivo. Eso es el alma mientras se vive. Lo demás, lo desconozco por completo, y me siento muy ridículo al especular sobre ello.

Sólo esto quería decir sobre mis sentimientos y la obra. En mi corazón, se ensancha con el paso de los años, como el resto de personas, lugares, momentos y sentimientos que me han conmovido hasta ahora, como ser humano frágil, limitado y apasionado.