domingo, 19 de julio de 2015

Los príncipes y el mendigo

Voy a empezar mi andadura crítica con un film que me agradó especialmente hace ya bastante tiempo. 
Empecé a ver cine con más atención cuando estaba en el instituto. En ese período coleccioné y recopilé información de cine que me ayudó a llevar más allá mi pasión por él. Parecía que fuera una pasión sin límites y aún tengo mis dudas, pero actualmente no tengo el ímpetu de entonces, y siento el cine, retrospectivamente, de otra manera. 

La película en cuestión es Un loco suelto en Hollywood (Paul Mazursky, 1986). Aunque se trata de una sátira que podríamos enmarcar en el género de la comedia ligera, para mí esta es una película con importantes connotaciones psicológicas, aun a riesgo de sobreinterpretar los aspectos y situaciones que se dan cita en ella.

No sé por qué, pero algunas películas me transmiten una familiaridad, una conexión que parece ser sólo para mí, íntima. Esto ya lo mencioné en la introducción del blog. No sé en qué consiste esa fórmula o contingencia, pero más o menos desde la primera escena fui quedando cada vez más atrapado, dentro del sórdido universo de su ficción.

La película va sobre un vagabundo que pierde a su perro, Kerouac (un nombre muy apropiado para la meca del cine y lugar referencial de la contracultura, Los Ángeles). Al ver que su vida es un completo fracaso, decide (supuestamente) poner fin a su vida. Y no encuentra otra mejor manera que echarse en la piscina de unos ricos por las cercanías.

Para asegurarse de que se matará bien, se pone unas piedras en los bolsillos y así decide ignorar (y aplastar) toda su inquieta fuerza vital. Cada persona (y personaje) tiene sus conflictos, y pronto entran a escena los demás protagonistas. En el caso del cabeza de familia, se siente realmente necesitado de salvar heroicamente la vida del intruso, y jamás sospecharía (parece que esto sólo ocurriera en las películas...) cuánto, y de qué manera, este individuo iba a influir en su vida (¿para bien?).

Esta es la continuación del arranque de la historia. A partir de aquí se dan situaciones de lo más pintorescas y divertidas. Me divertí sinceramente con la película, y aunque no puedo nombrar referencias clásicas con las que seguro tiene mucho en común (gags visuales, diálogos), huelga de hacerse. Es realmente ligera y en mi opinión muy ingeniosa. Incluso tierna.

Otro aspecto importante de la película es lo absurdo que resulta la resolución de problemas (y ansiedades) de los protagonistas gracias a su nuevo compañero. Aunque no se pueda tomar en serio, creo que es digno de citarse, incluso tratándose de una sátira. No se aleja demasiado de la realidad que gente con más poder adquisitivo y sin que sea una condición necesaria, tienen inquietudes patológicas, fruto de su falta de compromiso y conexión con la realidad. Me refiero a que es como si decidieran vivir en un mundo de fantasía o eligiesen, para definirse a sí mismos como exclusivos, particulares o diferentes (de la masa, se supone) la elección de hábitos o de aspectos extravagantes. Este es otro punto fuerte de la comedia. 

En medio del delirio, quedan momentos para la seriedad y la moralidad. En el caso del hijo menor, se ve que realmente echa en falta la atención y cariño de sus padres, que ni siquiera se habían percatado de sus gustos, y de su "identidad" reprimida. Cada uno a su manera, pretende resolver sus tensiones con el mundo circundante y sus complejos personales.

La madre con el empleo de su tiempo libre (banalidades), la hija con pretensiones intelectuales de diversos tipos y un agitado espíritu crítico que termina encontrando réplica en la sorprendente dimensión poética/ artística del invitado. El padre, compensar el universo familiar y empresarial para dejar de sentir esa pesada carga de responsabilidad, estrés, y compromisos familiares y fraternales insatisfechos y desatendidos.

La criada, con bajo nivel cultural, joven y atractiva(viviendo en la casa!! sólo en una película) se deja llevar, en la misma línea delirante del film, por el fácil discurso populista que tanto redime a los de su condición, estigmatizados por el capital y por la opresora clase dominante... etc, etc. Pero con todo, brillantemente expuesto e hilado.

Al menos a mí me resultó literalmente cómico, casi en cada escena. El conjunto fue grato. Como en cualquier historia, los nudos se desenlazan (nunca llega a anularse la picaresca, presente en cada contexto, quitándole toda posible gravedad) y en cierto momento hay una especie de complicidad con la realidad real, en la que el personaje se describe como un farsante y un embaucador (es un momento impagable de la película).

La relación con la psicología a la que apelo es, desde mi percepción, la plasmación de inquietuetudes y actitudes que de hecho sí tenemos en la vida real, y que nos hacen acabar, muchas veces, en situaciones, si bien no tan pintorescas, generalmente ridículas. Eso no es nada malo; todos somos parcialmente inquietos, irracionales y pasionales. Precisamente por eso consumimos ficción, para justificar nuestros defectos burlándonos de ellos, para recrearnos (¿será así?) y tal vez para crear la ficción real de superarlos, tengamos o no intención real de cambiarlos hipotéticamente en el futuro. No suele impactarme una película, a nivel personal.

Ha sido propicio escribir aquí mis impresiones sobre ella, que sin duda no se limitan a lo citado, pero que resumen más o menos las sensaciones que me produjo. He visto esta película unas 3 veces, creo. Seguramente la vuelva a ver en un tiempo. Me gusta hacerlo con las películas que me han marcado de alguna manera. Espero que si alguno decide verla disfrute como yo, o le despierte cosas parecidas. Los diálogos son hilarantes. Muy recomendable.



lunes, 20 de abril de 2015

Conan


Cuando tenía pocos años, vivía en el barrio que está al lado. Allí vivía con mi madre y mi hermano. A veces, nos quedábamos en la casa de la vecina. Olía mucho a humedad y a mezcolanza. Vimos muchos dibujos en su casa. Entre otras, una cinta en concreto influyó en mi "destino". Pienso que (de ser posible), si no hubiera sido esa cinta, ese contenido, esos sentimientos que despertó en mí, que descubrí, hubieran sido otros parecidos o equivalentes. Es una especie de economía mental esta asunción inmediata. No soy capaz de imaginar otra cosa, cuando me concentro en esas circunstancias.

Cómo iba a saber lo que sentiría después? Sigo exagerando mi pasión, por el sincero deseo de que sea más grande. La cinta contenía dos capítulos de una serie de niños. Al igual que muchas otras cintas que teníamos en casa, la vimos muchísimas veces. Veía muchos dibujos de pequeño. Era el alma de mi mundo y de mis sueños, de mis ilusiones. No me atrevo a decir que no existiera nada más, pero no creo que me hubiese importado o estuviese preparado para comprenderlo. Tampoco me siento tan preparado hoy. Quién lo está? Y la vida pasa, de todos modos, de cualquier manera. Su camino es cualquier camino, aunque no lo veamos. Aunque no sea el nuestro.

Todo era por los sentimientos. No acepto que haya pasado el tiempo porque es un abismo inasumible para mí. Es inexplicable este sentimiento de negación. De negación hacia toda especulación, por el mero hecho de ser especulación, una y no otra. Omnis determinatio est negatio. Sólo era un niño y experimentaba sentimientos maravillosos. Ahora, exijo y exagero lo que nunca fue para mí (porque no debía ser) y surge la quimera de la melancolía, siempre tan limitada, tan deformada, tan quebradiza y pasajera (para poder seguir siendo). Sólo alejándonos de la realidad la vemos más completa. (...)

En un momento dado, muchísimo tiempo después de este primer contacto (resquicio de mi dulce pasado) retorné a esas coordenadas emocionales. Exploré, curioseé. Vi otras profundidades que no hubiera podido imaginar antes. Sentí admiración y regocijo. Sentí paz, ganas de compartir la belleza que me admiraba, como ahora, pero siempre es distinto. Siempre es mucho más.

Me sentí tan identificado, tan acogido y comprendido. Tan valiente. Sólo era otro sueño bellamente narrado, pero sin duda valió la pena. Las pesquisas del mundo no han podido igualar para mí (se ve) ese simple sentimiento de conexión, de irrefutable magnetismo. Eran las virtudes humanas que yo siempre quise alcanzar, idealizadas. Las había visto en otros sitios. 

Cuando veo una obra que me conmueve, lamento que termine, porque no quiero que termine. No siento que termine. Sólo que no puedo acceder de nuevo a ella. La pasión es algo misterioso, en el fondo. No terminamos de explicarla, de deducirla. Es naïf forzar esquemas materiales que sólo nos llevan a más confusión y vacío. Odio los extremos que se oponen, porque sé que no tienen un sentido que no sea dialéctico. No puede haberlo. Ahora lo sé.

Imbuimos en los muñecos irreales todo eso que nos falta, que no conseguimos dibujar o encontrar en nosotros, y siempre queremos más, porque no se calma nuestra sed. Nuestro miedo al vacío y a la nada, porque somos humanos y estamos llenos, rebosantes de pasión. Eso es estar vivo. Eso es el alma mientras se vive. Lo demás, lo desconozco por completo, y me siento muy ridículo al especular sobre ello.

Sólo esto quería decir sobre mis sentimientos y la obra. En mi corazón, se ensancha con el paso de los años, como el resto de personas, lugares, momentos y sentimientos que me han conmovido hasta ahora, como ser humano frágil, limitado y apasionado.